Conciencia moral vs astucia política  

La moral profesional, la solidaridad social estaban en un solo lado; mientras en el otro se armaba la astucia de negociar ofreciendo soluciones engañosas.

Javier Torres Goytia

2018-01-21

En nuestra columna anterior comentamos el heroico movimiento médico que logró despertar a las clases medias y desnudar la pretensión de institucionalizar el totalitarismo abusivo con un nuevo Código Penal.

Frenó el intento de someter a toda la sociedad boliviana a un régimen de fuerza, bajo la inocente apariencia de aprobar un simple instrumento jurídico necesario para defender a la población de criminales y delincuentes. La expresión histórica “somos médicos, no criminales” se expandió a toda la población.

Han pasado 15 días y los problemas se atenúan o agudizan pero no se solucionan. Una huelga médica prolongada por cerca de 50 días, provocaba riesgos que la bien organizada atención de emergencia no alcanzaba a suprimir.

Los médicos habían alcanzado importantes logros y su conciencia solidaria de defensores de la salud los empujaba a volver al cuidado de sus enfermos; mientras el oficialismo, que mostró de comienzo una indolencia total con los enfermos, buscaba formas de atenuar su derrota política.

La moral profesional, la solidaridad social estaban en un solo lado; mientras en el otro se armaba la astucia de negociar ofreciendo soluciones engañosas. Los médicos, no sin conflictos internos, decidieron aceptar las soluciones parciales y suspender la huelga.

Según muchos, pecaron de ingenuos, pero también se puede reconocer que actuaron con la conciencia humana de que no podían abusar de la masiva solidaridad popular que les brindaban sus pacientes. La huelga no afectaba a un oficialismo ajeno a la salud del pueblo, perjudicaba a los más necesitados.

Poco a poco se perfilan las garras del aparentemente inocente Código Penal y la resistencia social continúa, reforzada por el rechazo al absurdo jurídico con el cual el Presidente pretende justificar su repostulación electoral violando la Constitución. Las clases medias han despertado y difícilmente serán otra vez víctimas del engaño.

Pero Bolivia, más allá de la propaganda, continúa con los más bajos índices de desarrollo. La mortalidad materna es una de las más altas del continente. La mortalidad infantil y la de niños menores de cinco años son también de las peores. Paradójicamente, en un país que se precia de tener un gobierno indígena, esta situación de retraso se mantiene por el abandono y exclusión del área rural.

Notoriamente, los verdaderos indígenas bolivianos no están representados por los movimientos sociales que son células partidarias del oficialismo; están entre los flagelados en Chaparina o los intervenidos en la CIDOB o el Conamaq, en los que el  Gobierno ha creado organizaciones paralelas.

La lucha contra la dominación y el colonialismo no está en el Conalcam; está en las calles y es una lucha plural, democrática, no buscando cambiar de sujetos dominados a dominadores, sino para suprimir la dominación.

A diferencia de quien siembra el pánico entre las colectividades indígenas, anunciando que el sol se va a esconder y la luna desaparecerá si Evo no se eterniza en la presidencia, el clamor popular recuerda a las cinco mujeres mineras que con una huelga de hambre y sin  disparar un tiro de fusil derrotaron a la dictadura militar en 1978. Domitila Chungara encabezó tal grupo y enseñó que el enemigo principal de los oprimidos, más que el imperialismo o la fuerza armada de la dictadura, es el miedo. Lo venció y es reconocida como una de las mujeres más valientes de nuestra historia.

Contribuyó, con lo que pudo a que el sol brille para todos y que la luna no se oculte para nadie.

 Los teóricos que defienden el poder simbólico de los indígenas en los ministerios, subalternizando  e infravalorando a las clases medias, con clara discriminación racial y social, ignoran o fingen desconocer que tales tesis son las del nazi fascismo, que arrebata todos los poderes para exclusivo beneficio de muy pocos, a costa de la humillación, sumisión y el pánico de la colectividad  no privilegiada. Muy diferente a la legítima reivindicación indígena, justa y necesaria, liberada del miedo, de la opresión y de un obligado culto a la personalidad de nuevos tiranos.

Javier Torres-Goitia T. fue ministro de Salud.

TOMADO DE: http://www.paginasiete.bo


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