Los indígenas despreciados y maltratados

Lo más importante es que en primer lugar defienden los derechos de la Madre Tierra (de la que los aymaras y quechuas también hablan pero a la que no dudan en “colonizar”.

Pagina Siete

2021-09-18

En este país nuestro, convertido en “Estado Plurinacional” y gobernado por el MAS, un partido de origen indígena y que se mantiene orgulloso de su origen, sigue habiendo pueblos indígenas discriminados y ninguneados.

¿Será posible? ¿Qué pueblos son esos de quienes gran parte de la ciudadanía ni siquiera ha oído hablar? Efectivamente se trata de pueblos pequeños y en gran parte desconocidos. En este país nuestro con mayoría de población indígena, también hay pueblos que se sienten marginados. Y es que la categoría de “indígena” parece restringirse al gran pueblo aymara y al conjunto de pueblos quechuas (o quechuizados en tiempos de los Incas). Pero están también ahí los pueblos indígenas de Tierras Bajas, desconocidos para la mayor parte de la población, pueblos pequeños y dispersos pero que nos están dando pruebas de vitalidad y de conciencia.

En estos momentos están marchando hacia Santa Cruz, ¿en demanda de qué? ¿De reclamar sus propios derechos? También, pero lo principal es que plantean la defensa de la naturaleza, el territorio y el respeto a la cultura. Son pueblos pequeños, muchos de ellos mal comunicados (y parece que hay alguno que ni siquiera ha sido identificado), lo que da doble valor a su nivel de conciencia y a su valiente marcha. Por supuesto reclaman sus derechos como pueblos —sin lugar a dudas son parte del país— pero lo más importante es que en primer lugar defienden los derechos de la Madre Tierra (de la que los aymaras y quechuas también hablan pero a la que no dudan en “colonizar”).

La marcha salió el 25 de agosto de Trinidad y espera llegar a Santa Cruz el 24 de septiembre, que es la fecha cívica principal de ese departamento, hoy por hoy el más dinámico del país. Es una marcha por la Tierra y por la Vida. Es la reivindicación de los derechos de la naturaleza, sistemáticamente violados por terratenientes y por las grandes empresas productoras de transgénicos, que no vacilan en sacrificar a esa Tierra a la que hace tiempo dejaron de considerar “Madre” y redujeron a fuente de ingresos.

En su momento se sintieron esperanzados por el gobierno indígena de Evo Morales, que en un encuentro mundial declaró valientemente que “los Derechos de la Madre Tierra son más importantes que los Derechos Humanos”, y argumentó con la afirmación indiscutible de que “Sin humanos podría haber Madre Tierra, mientras que sin Madre Tierra no podría haber humanos”. ¡Qué bien nuestro Presidente Indígena!

Pero pronto se confirmó la validez de aquel principio que afirma que “el poder crea daño cerebral”, y ese mismo Evo Morales —víctima visible de ese principio— decretó la destrucción del TIPNIS (Territorio Indígena del Parque Nacional Isiboro Sécure) para la construcción de una carretera (o ferrocarril) internacional que nos comunicaría mejor con Brasil. Por supuesto es un argumento a tenerse en cuenta, pero que tiene que ser superado por el respeto a un parque natural. ¿Qué era más importante, Evo, el “desarrollo” o la Madre Tierra?

Todo eso da doble valor a la actual Marcha Indígena de Tierras Bajas, avalada por la personalidad y la trayectoria del dirigente Marcial Fabricano, que ve en esta marcha una continuidad con las luchas anteriores y contra el avasallamiento de tierras. Pero que no parece encontrar eco en las autoridades de gobierno. Mientras tanto Jeanine Añez sigue presa (y hospitalizada) por delitos que han sido un invento de Evo (el famoso “golpe”, que en realidad fue él quien lo promovió). Siguiendo esa línea, ahora los poderes del Estado arremeten contra la Marcha Indígena, y es la sociedad civil la que tiene que solidarizarse con ella y con los pueblos (pequeños y valientes) que la protagonizan, y que ya llevan 23 días de caminata.

Al respecto vale la pena recordar la Primera Marcha Indígena de 1990, la participación política de nuestros pueblos en defensa del TIPNIS en 1996, la Declaración de Naciones Unidas sobre los Derechos Humanos de los Pueblos Indígena en 2017; todo para que en 2021 los poderes del Estado arremetan contra la nueva Marcha por la Vida.

¿Y ustedes con quién están, queridos lectores y lectoras? Es hora de definir posiciones.

Rafael  Puente es miembro  del Colectivo Urbano por el Cambio (CUECA) de Cochabamba.

TOMADO DE: https://www.paginasiete.bo


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